Monday, May 7, 2012

conceptos de educacion V


Universidad de Puerto Rico
Recinto de Río Piedras
Facultad de Educación
Departamento de Fundamentos Educativos

Filosofía de la Educación (EDFU 4019)     
Pedro Subirats Camaraza

Conceptos de Educación V

18. La educación es, ante todo, una actividad práctica. Anclada en un contexto, acontece siempre en la realidad espacio/temporal de una época y lugar determinado. Como actividad, la educación se hace con miras a obtener resultados prácticos. El resultado lo podemos enunciar en una idea simple: mejorar a la persona en algún sentido. Es ilógico educar para empeorar. La frase “la educación lo empeoró” es un contrasentido. Por estricta lógica la educación no maleduca[1]. Si un proceso “educativo” no mejora a la persona en algún sentido, su experiencia fue diferente de educar, acaso se instruyó, entrenó, adiestró, adoctrinó, amaestró, etc., términos neutrales que pudieran o no ser educativos, dependiendo de ¿qué? El qué es la condición necesaria y suficiente para valorar un proceso y un resultado como educativo. Un caso evidente: el Departamento de Educación debe llamarse como antes, de Instrucción, concepto correcto aplicado a estudiantes que se instruyen pero no necesariamente se educan. Un maestro incompetente que grita en clase sin saber enseñar, no educa. Unos estudiantes violentos que destruyen propiedades y amenazan a compañeros, no se educan. Un ejemplo dramático me ocurrió en la década del 70 en una visita a un “colegio” de prostitución para niñas de 11-15 años en Centroamérica. Una antropóloga y yo fuimos invitados por (el Alcalde) y la madame directora quien nos explicó el método “educativo” del plantel escolar. No vimos “prácticas” pero sí tuvimos conversación informal con unas recién “graduadas” que empacaban para irse a prostíbulos de la capital. La visita breve y controlada fue una experiencia desgarradora de ver la vil e inhumana explotación de niñas viviendo en pobreza y esclavizadas por los gobiernos. El cuento viene por esto: mi discusión con la madame directora giró sobre la palabra “educar”. Admití la eficacia técnica del sistema. Acepté que la metodología didáctica produce resultados deseados. Estuve de acuerdo en que la enseñanza es efectiva en lograr los objetivos que se proponen. Sin duda su método evaluativo es confiable para apreciar la habilidad en el ejercicio del oficio. No tienen problemas pedagógicos de coherencia entre fines y métodos (si me aprietan el botón cínico sugiero a Ministerios de Educación del mundo analicen el modelo pedagógico de ese plantel, haciendo los ajustes éticos necesarios para el currículo de la población general). Pero en ese lugar deprimente no se educa nadie. La madame y yo estuvimos de acuerdo con respecto a la eficacia metodológica del plantel. La discrepancia era sustantiva, no técnica: diferimos en el valor que damos a la palabra “educación”.

19. Nuestra perspectiva hermenéutica del proceso educativo se basa en esa idea simple, la repito: la persona debe mejorar en algún sentido. Simple de enunciar, difícil de aplicar. La cuestión es definir qué significa mejorar y en qué sentido acontece la educación. Esto se complica, pues aún si acordamos un significado de en qué sentido se mejora, enfrentamos el problema de saber qué acciones educativas han de realizarse para lograr resultados educacionales, es decir, qué acciones de enseñar-aprender, qué currículo, qué fines, se pueden predicar de una educación auténtica. Nótese el adjetivo “auténtica”, otra vuelta más a la tuerca conceptual de la educación.

20. Decimos que la educación es una actividad para obtener resultados prácticos. Otra manera de expresarlo es decir que la persona al educarse experimenta una transformación para su bien-estar y el bien-estar de los demás[2]. Que la educación sea práctica no quiere decir que se contrapone a la teoría[3]. Es una falsa dicotomía. Una teoría es una visión del mundo, un conjunto de conceptos, proposiciones, modelo o representación mental organizada que trata de dar cuenta de manera coherente de una situación, fenómeno o unas observaciones de un aspecto de la realidad. El valor de una teoría es que aspira a producir conocimientos o explicar una parte de lo real. Las teorías educativas ayudan a estructurar los saberes de que dispone esa teoría (psicológicos, sociológicos, económicos, filosóficos, etc.) de manera que puedan ser sintetizados o utilizados. A diferencia de la matemática pura que no busca resultados prácticos, la educación es una práctica social en una sociedad determinada con necesidades y expectativas. Consecuentemente, la educación procura una función práctica y reflexiva: se teoriza la práctica y la práctica se teoriza. Por tanto, educar es una práctica teórica (el nombre griego de la acción que transforma es la praxis).

21. ¿Qué esperar de la educación? ¿Cómo saber quién es educado? Un niño aborigen australiano, en NY, en Japón, en China, en África, en todo el mundo, en cualquier situación socioeconómica, todos nacen en sociedades con expectativas de qué es ser educados. Las formas, los contenidos y los fines de la educación son diferentes. En Paris y el Sahara hay expectativas y necesidades distintas. Pero toda sociedad tiene ideas y creencias de qué es ser educado en esa cultura. Aún en sociedades democráticas con pluralismo cultural de diferentes etnias, existe una base común de valores y creencias educativas para toda la población. El imaginario educativo común a todos los pueblos y culturas para sus jóvenes generaciones se puede decir en estos términos genéricos:

poseer saberes, conocimientos, habilidades, actitudes, valores, hábitos y conductas que se consideran necesarios para esa sociedad y cultura.

En cualquier contexto sociopolítico, económico, histórico o situación del sujeto que se educa, se espera que los niños y jóvenes (también adultos) posean esas características generales:
  • conocimientos y saberes que puedan explicar por vía oral o escrita
  • conocimientos y saberes que pueden aplicar en situación específica y ser generalizados
  • habilidades que demuestren en una situación concreta y que puedan generalizar
  • actitudes que les facilite vivir con eficacia en su medio ambiente
  • valores y creencias que sostienen la convivencia del grupo cultural
  • hábitos o patrones de conducta apropiados a la circunstancia en que viven

Es razonable decir que la educación ha de fomentar esas características generales. Pero estamos en las formas, no en los contenidos. Sigue pendiente la cuestión del ¿qué? el contenido detrás de las formas. Pues no cualquier conocimiento, hábito, valor, habilidad, conducta, es educativo. Hay que seguir dando vueltas a la tuerca conceptual, queda trecho por caminar.




[1] Aunque leerás un ensayo titulado Sobre la posibilidad de maleducar en que contradecimos lo que decimos aquí. Verás por qué.
[2] Ver documento Qué es tener una experiencia transformadora que explica la fenomenología de la experiencia.
[3] Ver documento Teoría y Práctica: un binomio educativo indisoluble en que ampliamos este asunto

conceptos de educacion IV


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Pedro Subirats Camaraza

Conceptos de Educación IV

13. La polaridad entre individuo (subjetividad personal) y sociedad (intersubjetividad social) era un asunto polémico en educación. Esa discusión ya está agotada sin soluciones que pongan fin a las contradicciones entre la persona, por un lado, y la sociedad, por el otro. Los supuestos son incorrectos, están mal planteados. No existe el individuo aislado, atomizado, con independencia total del entorno sociocultural, así como tampoco existe la sociedad totalmente despersonalizada,  amorfa, de sujetos. Lo que existe en la condición humana es una dinámica muy complicada de un juego de factores externos que condicionan a la persona, y al mismo tiempo, del poder interno de las personas en ejercer su libertad -según la circunstancia lo permita y la persona lo quiera- para cambiar la sociedad. Es una cuestión de equilibrio. Ni excesiva autoridad externa que anule al individuo, ni excesivo “libertinaje” del individuo en hacer lo que le venga en gana, indiferente al bien y derechos de los demás. La tensión entre sociedad y persona, condicionamiento externo y autonomía interior, es inevitable; similar a instrumentos de cuerdas, pide finura y equilibrio para que esa tensión sea constructiva, afinada (hasta ahí la comparación, no somos instrumentos).

14. Esa discusión generó otra polémica infructuosa en la teoría y la práctica educativa: si primero cambiar la sociedad para cambiar la escuela, o cambiar la escuela para cambiar la sociedad. Otro debate inútil. Repito, un difícil equilibrio de muchas fuerzas y actores en interacción complicada, por lo cual, las relaciones entre educación y sociedad son relaciones de tensión. Las sociedades totalitarias usan el sistema educativo para adoctrinar a las personas en las ideologías imperantes. Las sociedades democráticas son más abiertas en la libertad y los derechos humanos, pero no se crea ingenuamente que no ejercen su condicionamiento en la educación para imponer, de modo explícito o sutil, las ideologías de los variados grupos de poder político, económico, religioso, etc., que preponderan en esas sociedades. Lo indudable es que los sistemas educativos en toda sociedad –democrática o dictatorial- están al servicio de perpetuar las ideas, creencias y valores de la sociedad, pues toda sociedad busca mantenerse y perpetuarse en el tiempo. Es inevitable que la educación reproduzca los valores que se estiman cruciales para el orden y la perpetuación de la sociedad. Eso no significa que nos adherimos a una visión mecanicista entre educación y sociedad, esto es, una concepción mecánica entre infraestructuras y superestructuras, como se concibió en el marxismo primitivo. Es un error pensar que el sistema social cambia la educación, o al revés, que ésta cambia la sociedad. No somos ni operamos como maquinarias. Las relaciones sociales son orgánicas, o en un término filosófico de larga tradición, son relaciones dialécticas[1].

15. Así pues, en educación tenemos ambos polos. Por un lado, la educación es adaptación de las personas a un sistema social dado, buscando en esa adaptación que se perpetúe el sistema socio-político-económico-cultural como el modo válido o ideal de vivir en esa sociedad determinada. Por otro lado, la educación es un proceso por el que se guía a la persona para que desarrolle al máximo sus potencialidades, al estilo socrático, que extrae del interior de la persona el saber que tiene dentro de sí o con el potencial de conocer mediante el esfuerzo propio de pensar. El proceso de guiar a otros, desde la antigua Grecia a hoy, recae en la presencia del pedagogo, la persona que acompaña al niño en el camino del conocimiento, valores y costumbres. Guiar es  orientar, señalar, indicar, facilitar, mostrar, aconsejar, todos términos sinónimos de ese proceso educativo en virtud del cual la generación adulta acompaña -caminar al lado- a las generaciones jóvenes en el descubrimiento y el desarrollo de su potencial creativo.

16. Recapitulemos: la educación, como hecho social, es una transmisión de valores de una generación a otra -lo que se considera válido por un grupo social para que la propia comunidad tenga sentido- es un hecho intrínseco a la estructura de toda sociedad que necesita hacer valer su propia existencia exigiendo que sus propios valores se manifiesten en extensión (a la mayoría de la población) y en el tiempo (en la continuidad temporal). Es una realidad que conlleva algo o mucho (depende) de conservadurismo, aceptación y repetición de las experiencias (valores) del pasado, y por lo tanto, la educación corre el peligro del conformismo y el aprendizaje pasivo. En este caso, la educación-transmisión valora la primacía de la sociedad sobre el individuo, como en las sociedades cerradas y totalitarias, y por tanto, es fácil pasar de la autoridad al autoritarismo, y los maestros en seres prepotentes y dogmáticos, cuya función, más que la socrática de guiar, se convierte en amaestrar o adiestrar, con los consiguientes métodos de disciplinas y obediencia (las sociedades teocráticas son el mejor ejemplo, al fundar su educación en la obediencia ciega a la  voluntad de una deidad; los países islámicos representan esas teocracias modernas, conste no soy islamofóbico). Es el grave peligro –frecuente- en la educación: que las estructuras y sistemas no dejen a la persona el libre despliegue de su potencial de pensamiento libre.

17. Entiendo que un gran reto educativo que enfrentamos hoy en Puerto Rico es crear una teoría de la educación democrática[2]. Esa teoría debe traducirse en sistemas de escuelas y universidades que en su organización, normas, métodos y procesos reflejen una auténtica democratización. Y a la par, que esa educación democrática cumpla estándares de calidad comparables con los mejores sistemas educativos del mundo -que no sea una educación banal, mediocre, embrutecedora-. Esa educación democrática se centra en un sujeto libre y solidario capaz de convivir en la diversidad, la tolerancia y la búsqueda del bien común. No es fácil idear métodos de enseñanza y aprendizaje fundados en un sujeto libre y solidario, porque no hemos sido educados, nunca, en esa manera de vivir la subjetividad y la intersubjetividad. Por fortuna, desde la década del 60 del siglo XX esa teoría cobra vigencia. Y nos hace preguntar ¿cuál es el “resultado práctico” de una educación que merezca el esfuerzo de pensarla y practicarla? Seguimos en el próximo ensayo.


[1] Término que procede de los griegos, dialectiké, usado primero por Platón, es el arte del diálogo socrático por el que  se llega a la verdad mediante preguntas y respuestas; en Aristóteles es el arte de razonar mediante opiniones opuestas, partiendo de premisas plausibles y abiertas (no cerradas ni absolutas) que permitan argumentar a favor y en contra, tesis y antítesis, en que los opuestos puedan encontrar una síntesis superior que los integre; el término tiene una larga historia que llega a Kant, Hegel, Marx, Kierkegaard y otros filósofos. Para nosotros, la dialéctica trata de una forma de buscar la verdad en el pensamiento complejo, en la interdependencia y la no separación. Para el dialéctico todo está en todo y recíprocamente. La verdad en el pensamiento puede encontrarse en un esfuerzo laborioso de pensar las cosas con mente integrada, de síntesis, abarcadora, que no suprime las partes.
[2] Ver los ensayos Educar para la Democracia I-III.

conceptos de educacion III


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Pedro Subirats Camaraza

Conceptos de Educación III

10. Echar mano de definición o etimología para explicar la educación tiene límites, por ejemplo, la posibilidad de una interpretación neutral de educar. Si decidimos jugar el juego lingüístico, no podríamos menos que reconocer como mínimo en la palabra “educación” tres sentidos: educir, inducir y conducir. Estos verbos son claros, los tres coinciden en que educar es de algún modo manipular; al decir manipular, queremos decir manipular: modelar, influir, controlar, conformar, adecuar, manejar, y domar en ocasiones -30 criaturas de hogares disfuncionales y sociedades violentas (¿cuál no es?) en un salón, pide tomar lecciones de zoología-. ¿Quién con honestidad puede negar que él o ella es un manipulador de sus estudiantes, y que por su parte no ha sido manejado y manipulado por los profesores que tuvo ni está siendo manipulado por la sociedad en que habita? No hay educación sin un proceso de transmisión manipuladora de saberes y haceres. Estoy dando un giro positivo al término “manipular”. La lectura corriente es control o influencia maliciosa y deshonesta que impide que el otro actúe libremente. Sin embargo nos guste o no educar tiene algo de manipular, pero no con ese sentido negativo malicioso. El que educa quiere transformar, alterar, modificar, avispar, espabilar, por lo tanto, destruir. Destruir la falsedad causada por la ignorancia o el miedo, destruir la mediocridad causada por el convencionalismo inmovilista y domesticación ideológica, esa sí es manipuladora. Es deber elemental de todo educador que se precie de serlo, el saber alertar antes que sea demasiado tarde. Educar es inducir, conducir, educir. Son tres verbos de movimiento, verbos de manipulación, verbos con pasado, presente y futuro. Lo que resulta intolerable es una educación con sólo pasado, con agua pasada que ya no mueve molinos. El molino educativo -valga la metáfora- mueve agua que le llega, al moverla la cambia o transforma y sigue el agua por el cauce más allá del molino, al futuro. Se educa desde un pasado en el presente hacia un futuro. Tres tiempos educativos. El futuro es el proyecto. El pasado es el trayecto. El presente es kairós. Toda educación es trayecto recorrido, proyecto a emprender y vivencia de ahora.

La educación transmite, reproduce y transforma los saberes y los haceres. Es inevitable de alguna forma la manipulación. Pero destapémosla honestamente. No más fariseísmos educativos que pretendan encubrir, tras aparente liberalidad, la subterránea manipulación al servicio de una ideología, con aires hipócritas de asepsia neutral. Para una educación de manipulación honrada y transparente, destruyamos el mito virginal de un saber aséptico e incontaminado. 

11. Decíamos que no hay educación sin transmisión de saberes y de haceres. De saberes: cultura. De haceres: técnicas, obras, profesiones. En este proceso de transmisión manipuladora que es la educación no somos los primeros. Lo enseñado hoy tuvo en el ayer su origen social, y así, casi ilimitadamente hacia atrás, siempre en el seno de condiciones sociohistóricas determinadas y siempre manipuladas. Efectivamente, eso ocurre porque el saber y el hacer es histórico: nace en el entramado de una estructura social, política y económica. Sin defender una dialéctica histórica de clases neomarxista y una determinación de la superestructura por la infraestructura, al menos tenemos que reconocer que el saber ha sido parido por el concurso de amos y esclavos, es decir,  ha surgido en un clima de tensión poco propicio para la neutralidad epistemológica. Del mismo modo que no hay actos indiferentes, pues están insertos en una corriente de actos morales o inmorales -definidos según los que definan-, tampoco hay saberes indiferentes en una sociedad. Ese matemático orgulloso de su saber incontaminado de mundanidad debería recordar que el pitagorismo hacía fórmulas ingeniosas para justificar el esclavismo. Si todo saber es histórico determinado, el sabedor es a su vez un individuo intradeterminado por lo que sabe. Lo que sabe va configurando su propio modo de ver la vida y vivirla, llegando incluso a configurar sus rasgos psíquicos y perfiles caracterológicos por las ideas y las creencias que sabe. A nadie debe extrañar que reconozcamos que no hay un solo saber que sea sabido del mismo modo por dos sabedores diferentes. Cada cual asimila -otra metáfora, ésta digestiva no muy feliz- según la capacidad de su propio estómago o tripas. Dicho de otro modo: la misma conformación psíquica de educador imprime a lo sabido un sentido heterogéneo, idiosincrásico. Ante un mismo saber responden de modo diverso distintos sabedores que dicen que saben. Es un trabalenguas fácil de descodificar. Y ello precisamente porque el que sabe no es un receptáculo pasivo a ser llenado, del mismo modo que tampoco los saberes que va a recibir y procesar son un contenido insípido o ahistórico.

12. Podemos dar un paso más. El educador manipula para provocar crisis. El saber es crítico. Aquí la etimología aclara algo: kritikós, crítico, adjetivo derivado del verbo kríno, que mentaba originalmente la actividad de filtrar, harina por ejemplo, de donde vienen el término “cernir”. De allí tomó el sentido de elegir, la actividad mental crítica de quien decide, como en el ámbito jurídico, donde el juez griego se denominaba krités, es decir, el agente que aplica un criterio de evaluación de acuerdo a determinadas pautas y decide sobre un asunto. Es lo que hacemos los educadores en posesión de un saber -elemental o universitario- que utilizamos para enjuiciar los aspectos favorables o desfavorables de lo que es objeto de nuestra crítica, esto es, el saber o el supuesto saber, opinión o ignorancia de estudiantes sobre algo que esté en discusión o estudio. Quizá un monje zen enseñe de modo libre sin juicios, en des-preocupación de resultados. Pero el educador normal y corriente ha de emitir juicios, muchas veces inconsciente, que identifican y valoran los aspectos esclarecedores, originales, ingeniosos, refinados, fuertes, verdaderos, así como los confusos, burdos, tontos, irrelevantes, oscuros, débiles, trillados, de una asignación del estudiante, porque en algún momento ha de calificar con una “nota”. Por absurdo que parezca evaluar con números o letras -Illich, por ejemplo- la mayoría de los sistemas educativos lo hacen.  Es inevitable juzgar. También “crítica” se aplica a expertos en saberes especiales (crítico teatral o literario). Y crítica también es muerte de lo decrépito (lo demostrado como obsoleto o falso) y nacimiento o descubrimiento de lo verdadero, lo que nos hace más libres y sabios. Manipulación sí, pero no de educar como coerción, sino de la crítica de una educación coercitiva, esa que se trae entre manos imponer sin decirlo, hipócritamente. Manipular sí, pero siendo conscientes de lo que hacemos, poniendo de manifiesto el hecho de las ideas y las creencias que enseñamos y por qué lo hacemos. Manipular sí para provocar crisis, para formar el espíritu crítico, sabiendo que lo que pretendemos transmitir no son verdades absolutas incuestionables, sino verdades objetivas y transitorias a discutir y analizar con libertad crítica. Renunciar a esa misión de formar espíritus críticos es convertir la educación en técnica, y al educador en tecnócrata.

Una educación crítica nos regresa a la relación entre persona y sociedad. 

conceptos de educacion II


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Pedro Subirats Camaraza

Conceptos de Educación II

6. Aseveramos lo difícil que es conceptuar la educación. Es un fenómeno bastante misterioso a pesar de practicarse en procesos de socialización por más de 3 millones de años de evolución homínida y pensarse por más de 2 mil años desde Platón. No obstante la dificultad de conceptuar el significado de la educación, se trata de uno de esos lugares comunes en que todos opinan lo que quieran. Se habla mucho de educación, tanto que parece ya no hay nada más que decir, donde se ha dicho (casi) todo desde Platón a hoy, y donde a fuerza de tanto repetir lo mismo, las palabras parecen cansadas, vacías, sin nada dentro; se repiten hasta el hartazgo, se las vacía de contenido. Huecas quedan las palabras educacionales, tan huecas que quien tenga algo que decir con seriedad se le dificulta pronunciarlas, ya no dan ganas de hablar de ellas[1]. En educación son innumerables los discursos para comprenderla, incontables los esfuerzos para mejorarla y decepcionantes los resultados obtenidos. No obstante, estamos impelidos a vivir la condición humana y la educación que humanice. Tres aproximaciones preliminares ayudan a entender la educación: el diccionario, la etimología y el hecho social. Veamos.

7. El diccionario ayuda a ver los usos comunes o correctos del lenguaje. Consulto REA, Anaya, Vox y Espasa, donde definen educación como sinónimo de crianza, instrucción, formación, enseñanza, doctrina, sistema, disciplina, acciones; y el quid es la finalidad de desarrollar capacidades intelectuales, morales y físicas de la persona para perfeccionarla de acuerdo a un ideal humano en una sociedad determinada. De esa concepción emerge una imagen de la educación basada en acciones intencionales, para desarrollar capacidades, con una visión ideal del ser humano en sociedad. Todas características necesarias, sin las cuales no hay educación. Que la acción sea intencional significa que tiende a finalidades[2]. Que desarrolle capacidades significa que el educando posee una potencialidad de desarrollar algo –enseguida lo analizamos- Que la acción educativa presuponga un ideal quiere decir que la educación debe transformar al educando desde una situación o condición insatisfactoria hacia una condición mejor, superior o preferible; es decir, educar presupone una transformación en la persona –un antes y después-. Es inevitable que al educar, en algún sentido, se “manipule”, palabra fuerte que rechazan los que se adhieren a la educación “liberadora” –paciencia, luego aclaramos-. Además, el ideal se imagina en un contexto histórico-cultural, puesto que la educación es un hecho social: se educa desde, en y para una sociedad que se desea construir y vivir. El diccionario es un paso en comprender la educación, pero es insuficiente, así que prosigamos con la etimología que desbroza la palabra.

8. La etimología es un recurso lingüístico que sirve para recuperar la historia de las palabras y revelarnos sus sentidos originales. Aunque no explica contenidos, valoraciones o resultados de la educación, la raíz del vocablo ayuda a comprender sus significados semánticos. Es interesante la historia de la palabra educación que proviene fonética y morfológicamente del latín educare, que tiene el sentido básico originario de ‘criar’, ‘alimentar’, no sólo niños sino también animales. A partir de allí se desarrolla el sentido abstracto espiritual e intelectual de ‘formar’, ‘instruir’, ‘conducir’, ‘guiar’, ‘orientar’, términos que señalan acciones para dirigir o encaminar al humano -en este caso, a niños- hacia un objetivo específico. Educare en la antigua Roma guarda también un sentido de ‘producir’, especialmente aplicado a la tierra al decir quod terra educat, ‘lo que la tierra produce’, frase común en pueblos agrícolas del Imperio Romano. Habitualmente se supone que el vocablo educare proviene de educere, un compuesto de ex y duco que significa ‘hacer salir’, ‘tirar hacia fuera’, ‘extraer’, y por extensión ‘poner en el mundo’, dar a luz’ en el sentido de ‘sacar del vientre de la madre’. Nótese que el ‘hacer salir’ y el ‘poner en el mundo’ están en consonancia con los usos de educare referidos a la producción en la tierra. En lengua latina los dos términos -educare, educere- se sincretizaron en los hablantes de la época clásica. La fusión de ambos sentidos revela algo significativo. La educación siempre ha intentado una imbricación complicada de dos elementos en principio opuestos. Por un lado, educar supone que adultos intervienen intencionalmente en la vida del niño o joven para que se integre y adapte a la cultura y sociedad; por otro lado, educar supone que el ser humano nace con un potencial a desarrollar, literalmente un rollo a desenrollar, técnicamente lo que significa desa-rrollo; ese potencial no es dado por la sociedad sino por factores de genética, naturaleza, destino, dioses, karma, u otra causa previa a la intervención social –fue un debate del romanticismo naturalista (Rousseau) y el empirismo (Locke), pero ya bastante superado-.

La educación como conducción desde afuera y como extraer de adentro, tiene ese doble aspecto:

a) influencia condicionante del medio social sobre la persona,
b) construcción intrínseca de la persona en sus decisiones conscientes y actos libres.

La influencia desde el exterior sobre la persona intenta inculcarle pautas y valores de la sociedad. La formación desde el interior de la persona es su autodeterminación de acuerdo con patrones decididos por la propia persona. Es inevitable el conflicto. Sociedad y Persona no son elementos en natural conciliación. La sociedad conduce al sujeto, ¿hacia dónde, por qué? El potencial humano ¿en qué consiste, qué es? 

9. Básica y primariamente la educación es un hecho y un proceso social. Su “naturaleza” está dada por lo social. En cada individuo coexisten dos seres que no se pueden separar sino por abstracción: el ser personal y el ser social. El primero, generado por la herencia y configurado por los estados mentales que se ligan a nosotros mismos y a los acontecimientos de nuestras experiencias personales. El segundo, es constituido por múltiples ideas, creencias, sentimientos, valores y hábitos que no manifiesta la individualidad -no se originan en el individuo, aunque éste los acepte e interiorice-, sino provienen del conjunto humano cultural al cual pertenecemos o estamos incorporados. La educación es un subsistema más en el complejo entramado de otros sistemas sociales y factores culturales en la historia de un pueblo concreto en una época concreta.

El diccionario, la etimología y el hecho social explican algo del concepto educación, pero apenas rozan su superficie. Hay más profundidad en las entrañas educativas. Prosigamos.


[1]  Por ejemplo, un vocablo que por respeto a Aristóteles deberíamos no pronunciar con liviandad es el sustantivo “excelencia” aplicado al otro sustantivo “educación”.   
[2] Ver ensayos Fines de la Educación I-V.

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Filosofía de la Educación (EDFU 4019)     
Pedro Subirats Camaraza

Conceptos de Educación I

1. La filosofía y las ciencias sociales y naturales que estudian al ser humano nos proporcionan las imágenes de una “naturaleza”[1] humana evolutiva y adaptable al medio físico y social. Mientras los demás seres vivientes resuelven sus necesidades por la información heredada de los genes, los humanos carecen de estas formas fijas de respuesta; es decir, el humano es indeterminado en su ser y obrar. Al no estar determinado, se puede distanciar del estímulo inmediato del entorno, no tiene que reaccionar (estímulo-reacción) sino que puede responder o actuar gracias al cerebro que le permite una amplia flexibilidad (el término técnico es ductilidad) para incorporar muchas respuestas o nuevas pautas de conducta en cada generación de individuos. Las claves de esta adaptabilidad incluso al medio más hostil se encuentran en la morfología del Homo Sapiens, que muestra una diferencia evolutiva con el resto de los seres vivientes en tres aspectos cruciales de su evolución: el aumento de la capacidad cerebral; la bipedestación que libera las manos para emplearlas en instrumentos (Homo Habilis); y desarrollo de las facultades mentales del lenguaje y la inteligencia. A partir de ahí, lo heredado –cien mil genes- es sobrepasado con el potencial del cerebro: más de 10,000 millones de neuronas en compleja conexión sináptica. De esta hiperformalización del cerebro procede la gran plasticidad humana que posibilita una pluralidad de comportamientos y la capacidad de modificar el cerebro con la mente pensante. Es la fuente de la creatividad de la especie humana y el origen de su educabilidad.

2. El recién nacido, estrictamente, nace sin cultura (el niño-lobo de Aveyron es paradigmático), pero tiene el potencial genético de conservar su individualidad humana y participar de la acción enculturadora de la sociedad. Ello a condición de poder recibir la influencia de un entorno social, de adultos y de instituciones que le humanicen, es decir, que el recién nacido sea acogido en una cultura y hábitat en que pueda desplegar su humanidad. Ese proceso lento en tiempo, complejo en multiplicidad de factores y aún misterioso, es la educación. La mente evolucionada humana es lo que permite interactuar en un contexto humanizado, pues tan sólo la pertenencia a un grupo y una cultura permite desarrollar la educabilidad humana. La educabilidad de la condición humana explica que yo pueda escribir esto, tú lo puedas leer, ambos pensar, entendernos y educarnos. La educabilidad también explica que alguien decida dedicar su vida a educar a otros. Quizá tú.     

Así, el humano ha evolucionado de tal forma que su cerebro y su mente le permiten desarrollar modos de vida cultural que rebasan su naturaleza física hacia amplias posibilidades de creación y  desarrollo. No está inmovilizado ni fijado en un modo estricto de ser y obrar, como los animales y plantas, sino que transforma su entorno natural en variedad de contenidos. En una palabra, en el ser humano acontece el fenómeno de la educación. Vamos a explorar el concepto.

3. Creemos saber, al menos intuitivamente, qué es educación. Si yo indignado exclamo en el cine “¡maleducado!” a un idiota que prendió la molestosa luz del celular en medio del film es porque tengo en mi mente una interpretación de quién es (o no) educado. Todos creemos saber lo que es educación, pero apenas intentamos precisar su significado, los elementos que la definen o las características ocultas del vocablo, surgen unas dificultades que se complican paulatinamente. Tan sencillo que era el todo, tan complejas parecen sus partes. Tan fácil que era nombrar la palabra, tan difícil descubrir su significado y ponernos de acuerdo. Lo que era claro se torna oscuro. Lo nítido se ensombrece. ¡Qué universitarios tan educados! Allá van desfilando en su graduación a recibir sus diplomas. Es fácil nombrarles “educados”. Hasta recordar que han sido los egresados universitarios durante los pasados tres siglos los principales agentes de los horrores en guerras y corrupción mundial. Tan sencilla la palabra y tan oscura de definir.

4. El término educación comienza a usarse en el siglo XVIII con la formación de los sistemas escolares nacionales en la fundación de los Estados modernos en Europa y América[2]. La palabra está cargada de muchas significaciones, es difícil de definir y cuando se intenta una definición demasiado específica enseguida surgen las contradicciones de numerosas opiniones. Haz una encuesta con la pregunta “¿qué es educación?” Ya verás los ceños fruncidos buscando respuesta. Hasta que alguien dice “pues lo que hacen las escuelas”. ¿Asunto concluido? Pues no. Esto no es tan fácil. En estos ensayos vamos a detenernos en la palabra educación, entrar en ella, revisar sus entrañas conceptuales. Es un concepto preñado de significados. Seamos comadronas, intentemos ayudar a parir la educación. Ojalá logremos comprender mejor este fenómeno tan complicado.

5. ¿Qué conceptos indican algunos significados de la palabra “educación”? Podríamos enunciar tantos cuantos autores la tratan. Una breve muestra:
-          El acto realizado por el educador o la sociedad sobre el individuo, en latín, educare
-          El acto realizado por el educando mismo, en latín, educere
-          El resultado o el efecto de un proceso educativo
-          La interacción, proceso o relación humana con intenciones de educar
-          Cualquier tipo de asimilación o transmisión de un contenido educativo
-          La función de instituciones sociales o de la sociedad en su totalidad
-          Perfección del ser humano o desarrollo de sus potencialidades
-          La instrucción, enseñanza y aprendizaje intencional con miras a formar la persona
-          Etc.

Ya ves. Es un concepto abultado, una palabra densa. Tiene mucho adentro.

Pues si te parece bien, adentrémonos en sus entrañas a ver qué luz aparece en esta criatura que nos educa y en la que educamos a otros.


[1] La noción de “naturaleza” humana es controversial. Hay estudiosos en ambos campos del debate: para unos existe una naturaleza esencial mientras que para otros el humano es un ser abierto sin una naturaleza prefija. No voy a zanjar el debate. Uso el término inclinándome a la primera posición, pero sin dogmatismo y con la posibilidad de que el debate esté mal planteado. Ese tema lo analizo en el ensayo ¿Hay naturaleza humana?
[2] Ver el documento Sobre el origen de la escuela y sus problemas de nacimiento.

Monday, January 30, 2012

Filosofar (la educación) III

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Fundamentos Filosóficos de la Educación (EDFU 4019)
Pedro Subirats Camaraza

Filosofar (la educación) III

11. Pensar en un acto cotidiano que haces sin tener que decir “pienso”, salvo cuando ese nene bobo te pide salir con él y le dices “voy a pensarlo” aunque ya lo pensaste. En el diario vivir hacemos infinidad de actos fáciles de explicar, describir, analizar, dramatizar, ilustrar, recordar, como son dormir, caminar, peinarse, nadar, cocinar, vestirse, besar, desvestirse, actos habituales que no demandan explicaciones excesivas. La mayoría de esas acciones están incorporadas al sistema neuromuscular automático a fin de ahorrar energía. El cerebro es un sistema sumamente eficaz en sus mecanismos espontáneos que economizan tiempo y esfuerzo neurocognitivo para funciones complejas de resolver problemas, analizar opciones y tomar decisiones. Si vas a casa de tu prometida para decirle estás enamorado de un hombre y hay que cancelar la boda, ten por seguro que al conducir el carro tu cerebro no piensa en la energía del pie para darle velocidad al motor. Tu cerebro eficazmente delega eso en el sistema nervioso neurovegetativo mientras te pones a pensar cómo carajo vas a salir de ese lío. Tu organismo ahorra espacio neural para eso. También ten por seguro que has pensado con el vocablo fundamental en filosofía: pensar. Si en algún momento has pensado de la manera que describimos a continuación, has filosofado. Piensa si alguna vez has pensado…
• … en profundidad preguntas que interesan
• … con sentido común
• … con precisión para definir una palabra o clarificar el lenguaje
• … con detenimiento para clarificar una idea
• … con sentido crítico para no dejarse llevar por la costumbre o pecar de ingenuo
• … qué hacer con tu vida en la circunstancia en que estás
• … tu manera de pensar, si has pensado tu pensamiento
• … qué significa conocer algo, cómo sabes si conoces algo verdadero y no falso
• … cuáles son los supuestos, las premisas, la lógica, las razones de una idea o creencia
• … cómo relacionar o conectar conocimientos de diversas áreas del saber
• … cómo puedes tener convicciones o creencias sin dejarte aprisionar por ello
• … cómo puedes tener un saber sin ser poseído por ese saber
• … cómo puedes pensar sistemáticamente sin sistematizarte
• … que no todas las cosas valen igual ni son lo mismo
• … lo mucho que ignoras y no sabes
• … que debes tener dudas razonables para tener mente abierta, flexible y adaptable
• … sobre el bien, el mal, la libertad, la verdad, la razón, la justicia, la paz, el tiempo,
la consciencia, la mente, el universo, la felicidad, la divinidad, el sentido de vivir

… si alguna vez has pensado eso, es que has filosofado.
12. Todos esos modos de pensar que hemos denominado filosóficos tienen entre sí diferencias y similitudes. Es imposible lograr un acuerdo sobre una concepción única o preferible de filosofía. Lo más que podemos decir de filosofar es que su característica distintiva es usar argumentos. Los filósofos típicamente se ocupan de los argumentos: los inventan, adaptan de otros o critican los de otros. También analizan el lenguaje -medio comunicativo predilecto del humano- para saber de qué hablamos. Algunos filósofos tienden más a buscar la sabiduría, a pensar el sentido de vivir, mientras que otros prefieren hacer análisis del lenguaje, y otros hacen crítica de los supuestos y premisas con las que se piensa y actúa.

19. Al pensar con actitud filosófica hemos de tomar en cuenta que la realidad es enormemente rica y compleja. No basta un solo punto de vista para conocerla ni una sola metodología para estudiarla. Demos un ejemplo fácil de entender, tengo un libro de poesía. ¿Quién me lo explica? ¿Un físico? Él me dirá lo que pesa, el tamaño que tiene, su densidad, su color y otras propiedades materiales de ese objeto, y nada más. Un químico me dirá de qué está hecho, de celulosa, que tiene un poco de carbono en las palabras impresas y nada más. ¿Quién me puede decir lo que hay allí de contenido de información, de belleza, de poesía? Ni el físico, ni el químico pueden decirme eso con respecto al libro y su contenido por más experimentos y medidas que hagan. Si esto es verdad con respecto a una simple obra humana que tengo en mis manos, tan sencilla, también es cierto cuando se trata del Universo o la Vida, así en mayúsculas. Puedo preguntar al químico qué es el ser humano y me puede decir desde su ciencia que tiene típicamente en su cuerpo tantos gramos de carbono, tantos de oxígeno, tantos de calcio, de hierro, sodio, etc. ¿Es eso el humano? Si me ponen todos estos elementos en un frasco sobre la mesa ¿ese eres tú y yo?

20. El humano es una realidad que no se explica en términos de física, química, biología y otras ciencias particulares que analizan los componentes físicos y orgánicos de la vida. Es menester pensar con otras categorías conceptuales que nos aproximen a encontrar lo que significa ser una persona capaz de buscar la verdad, la belleza, el bien, la libertad, la paz, ser sujeto de derechos y deberes, de sentido de justicia, y por eso, ser capaz de tener responsabilidades y de relacionarse con otros seres humanos a diversos niveles, desde contratos sociales amplios a las relaciones de amistad, los vínculos de amor. El astrónomo me puede explicar de qué están hechas las estrellas, su temperatura, la distancia de la Tierra y el tiempo que toma llegar su luz a nosotros, pero no puede decirme nada si le pregunto por qué existe el universo o qué hacemos nosotros en este espacio sideral. Ninguna ciencia puede dar respuesta, ni siquiera explorar la pregunta más profunda de la filosofía: ¿por qué hay algo en lugar de nada?

21. La historia de la humanidad atestigua el afán de conocer todo lo que nos rodea y nosotros mismos. Como el conocimiento espontáneo sensorial no es muy fiable ni responde por completo a los interrogantes, el humano necesita razonar, relacionar datos y extraer conclusiones. Así, a partir de la información insuficiente que proporcionan los sentidos llegamos a conocer aquello que no podemos observar directamente. Desde antiguo se da el nombre de ciencia a este tipo de conocimiento que nos lleva más allá de la experiencia ordinaria y de la opinión corriente. La palabra deriva del vocablo latino scientia, un sustantivo que procede del verbo scire, que significa saber. Ciencia y filosofía son conocimientos que buscan la verdad, con independencia del diferente grado de verdad que puedan conseguir y del inevitable margen de error que puedan contener. Si no fuesen sistemas de verdades provisionales y parciales, su inclusión en los currículos sería una tomadura de pelo universal, un fraude de proporciones gigantescas inducir a estudiantes a aprender lo que es falso, mentira, un engaño. El valor pedagógico de un currículo educativo, precisamente, es iniciar o desarrollar el gusto por investigar la verdad con respecto a la materia de estudio. Los estudiantes y maestros asumen ese axioma pedagógico como parte incuestionable de su haber, lo que no significa, en un mundo de cambios acelerados y radicales, que la verdad provisional de hoy no sea la falsedad de mañana, y de nuevo, hemos de empezar otra vez la investigación y estudio, la constante e inacabable exploración del conocer.

22. El conocimiento científico nace de la experiencia y es racional, pues se refiere a un mundo físico cuyas regularidades y patrones -ciclos biológicos o astronómicos, por ejemplo- quiere explicar y predecir con leyes mediante un método. Método (del griego méthodos camino), es el camino inteligente que recorre la ciencia entre hipótesis y comprobaciones, hasta lograr leyes y teorías que pueden demostrarse, darse a conocer públicamente, y que expresen conocimientos ciertos, pero en constante redescubrimiento. El método científico es hipotético-deductivo, cuya clave es unir la matemática con el experimento. Pero la filosofía no es, no puede pretender ser, ciencia en este sentido. Ciencia y filosofía son disciplinas intelectuales y académicas diferentes, pero esa distinción no debe producir aislamiento ni mucho menos oposición. Porque al estudiar problemas comunes y estrechamente relacionados, ambas se necesitan mutuamente. Los grandes temas fronterizos y de máxima importancia, como el origen del universo, el origen de la vida y el origen humano son a la vez temas filosóficos y científicos inseparables, aunque las metodologías y enfoques varíen.

23. Al filosofar la educación según el título del curso, fundamentos filosóficos de la educación, ¿en qué consisten, en verdad hay “fundamentos”, y si los hay, qué son?, ¿científicos, intuitivos, históricos, psicológicos, artísticos, culturales, financieros, políticos, gerenciales, técnicos?

24. Has concluido seis lecturas que te inician en la aventura de un itinerario intelectual que lo heredas de siglos de tradición, pero debes rehacerlo en tu propio andar. Es filosofar la educación.

25. Adelante.

Filosofar (la educación) II

Universidad de Puerto Rico
Recinto de Río Piedras
Facultad de Educación
Departamento de Fundamentos Educativos

Fundamentos Filosóficos de la Educación (EDFU 4019)
Pedro Subirats Camaraza

Filosofar (la educación) II

6. El vocablo “filosofía” proviene etimológicamente de los vocablos griegos philos y sophia. El verbo griego phileo significa desear algo intensamente, buscar con ahínco y afán algo de interés; también significa gustar, querer, o pasión por algo o alguien. El sustantivo griego sophia, tiene su origen sánscrito en textos del Vedanta (India) con el significado original de “sabor, saborear” aplicado a todo, particularmente a la vida que sabe bien, vida con buen sabor. Es interesante el aspecto intelectual de sophia: “saborear ideas”. Así, hace sentido la evolución de la palabra al castellano que asocia sophia con sabiduría y filosofía con amor al saber. ¿Quién es sabio? El que ama el saber por excelencia, la auténtica sabiduría del autoconocimiento, de quien sabe su vida que le sabe bien. Imagina si la educación abriera espacios para explorar ese saber de la sabiduría. Imagina si las escuelas dieran la oportunidad de aprender a filosofar. Pero me adelanto mucho.

7. La filosofía pregunta simplemente qué, por qué, de cuestiones perennes. Cuestiones como la realidad, la verdad, el conocimiento, la vida, el mundo, el universo, el bien y el mal, la felicidad.
En textos introductorios de filosofía aparecen tipologías o clasificaciones de los conocimientos filosóficos: ontología (ser, entes), metafísica (lo real), epistemología (conocimiento, lógica, verdad), axiología (valores éticos y estéticos), antropología (ser humano), y otros. Esas grandes áreas o “ramas” del tronco filosófico piensan toda acción humana en la historia, cultura, ciencias, políticas, tecnologías, lenguaje, sexualidad, economías, etc., para comprender las perplejidades del ser humano. De Lao Tsé, Confucio, Buda, Sócrates, hasta hoy, la filosofía tiene una tradición centrada en el conocimiento radical ya mencionado: el autoconocimiento. Ese talante de filosofar tiene implicaciones importantes para la educación. Pero me sigo adelantando.

8. Filosofar es una “práctica teórica” (no científica) que tiene el todo como objeto, la razón como medio y la sabiduría como finalidad. Se trata de pensar mejor, para vivir mejor. Filosofar es pensar la vida y la existencia para ver tras las apariencias qué es lo que hay, la razón o sin razón de las cosas. Filosofía no es ciencia, ni un conocimiento junto a los demás conocimientos, sino un saber crítico que investiga todo conocimiento; un saber hermenéutico que interpreta los demás saberes. Decía Kant que no se puede aprender la filosofía: sólo se aprende a filosofar. Kant, en un texto famoso, reducía el dominio de la filosofía a cuatro preguntas: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me está permitido esperar? ¿Qué es el hombre? Las tres primeras “se remiten a la última”, señalaba el filósofo. Pero las cuatro desembocan, añado yo, en una quinta, que es la pregunta primordial de la filosofía, hasta el punto que casi podría bastar para definirla: “¿Cómo vivir bien?”. Desde que se intenta contestar inteligentemente a esta pregunta, se hace filosofía. Y como la pregunta no se puede evitar, hay que concluir que sólo se elude la filosofía por necedad u oscurantismo. Comprendo el acto de filosofar incluso de modo más simple: filosofar es pensar la propia vida y vivir el propio pensamiento. Pensar la propia vida es pensarla donde se encuentra en su historia, esforzándonos (pues requiere disciplina) por descifrar qué pasa, por qué. Vivir el propio pensamiento es actuar, tanto como se pueda o se deba, porque, de otro modo, sólo se podría padecer de ilusiones o espejismos. Así, la filosofía es una actividad del pensamiento que desemboca en un vivir activo, comprometido, libre, sabio.

9. Filósofo es quien practica filosofía al pensar y vivir sabiamente. La etimología de la palabra philosophos es, de nuevo, quien ama la sabiduría, el sentido propiamente filosófico; y no sólo los antiguos filósofos -Sócrates, Platón, Aristóteles, Séneca, Cicerón…- sino también los modernos -Montaigne, Spinoza, Kant, Schopenhauer, Nietzsche…- decían que filósofo no es alguien más sabio o más erudito que los demás, ni necesariamente autor de un sistema, sino alguien que intenta vivir mejor porque piensa mejor, o al menos lo intenta (“Juzgar bien para obrar bien” decía Descartes, es la filosofía misma), y por eso el filósofo sigue siendo ese amante de la sabiduría, que la etimología designa y cuya exigencia no ha dejado de preservar, desde hace veinticinco siglos. ¿Se enseña filosofía en la escuela? No, pero debería enseñarse, porque nadie nace filósofo, y porque la filosofía es, en primer lugar, un trabajo mental que, tanto mejor si empieza en la escuela, para que los niños disfruten su pensamiento pensando las experiencias cotidianas, más allá de sus materias curriculares. Lo importante es que se empiece, y no se detenga. Para filosofar nunca es muy pronto ni demasiado tarde, decía Epicuro, porque nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para ser feliz y vivir bien. Sólo es demasiado tarde cuando no se puede pensar, como los fanáticos políticos, religiosos, científicos y tecnócratas. Razón de más para no demorarse en filosofar en las democracias y razón suficiente para vivir despiertos. Filosofar pide mente crítica libre de dogmatismos, fanatismos, intolerancia y autoritarismos.

10. Filosofar es tarea excelsa del pensar. Pero no reclama para sí la competencia exclusiva del pensar. Pensar es un acto cotidiano. Pero el filosofar se demora en la tarea misma del pensar, se detiene en preguntar el significado de las palabras, el sentido de los conceptos que usamos. No te impacientes si yo vuelvo una y otra vez sobre lo mismo, dando vueltas a la misma idea. El ser humano está ansioso por alcanzar de inmediato las respuestas; su prisa por llegar a dónde sea y cómo sea, es contraproducente a lo que debería buscar y encontrar. Por eso es de enorme utilidad el punto de sosiego que la filosofía incorpora, la pausada temporalidad que introduce en medio de tanta exasperación. Detenerse a pensar tiene efectos positivos. Positivos no tiene por qué significar reconfortantes. Cabe la posibilidad de que adoptada la actitud de filosofar, acabemos dándonos cuenta de nuestros desvaríos mentales, o de que habíamos aceptado como verdad una idea tonta o peligrosa. Que constatemos, por ejemplo, que nuestro originario y legítimo anhelo de felicidad tomó el camino equivocado; o caigamos en cuenta que tal valor que considerábamos obvio, indiscutible, no es sino un residuo ideológico de un mundo que está desapareciendo, es obsoleto. Filosofar, en efecto, tiene mucho de tarea previa, de detenernos en los pro-logos, las palabras anteriores a cualquier discurso que está, de manera necesaria, en otro ámbito del saber (histórico, político, educativo, etc.). Es un riesgo que el pensar filosófico termine por dejarnos a la intemperie, desnudos, cuestionándolo todo. Me corrijo: el pensar nunca desnuda, más bien advierte de nuestra irremediable desnudez. Para vestirnos de nuevo con un pensar razonable y razonado, un pensar con sentido común y crítico. Un pensar conveniente a la educación. Ya nos adelantamos un poco.